EL INFINITO RUMOR DEL AGUA

Fue en febrero del año dos mil cuatro, en Querétaro, México, durante una gira, que garrapateando un cuento junto a una inmensa ventana colonial, me visitó un pajarillo rojo intenso al que por mis escasos conocimientos ornitológicos confundí con un petirrojo. Más tarde supe era un cardenal, pero ya la historia había tomado vuelo, la secuencia intangible de la fantasía me arrobó y rumiando guardé celoso el anhelo, no estaba listo antes. Luego, en julio y agosto, retomé aquel párrafo: “El petirrojo hizo una reverencia, se mostró palpitante, abrió su pico, y hasta creímos adivinarle una sonrisa, seguro manifestaba lo que desde hace tanto sabía…” y continué escribiendo febrilmente en La Habana, Varadero y Holguín hasta llegar a la forma actual de esta narración.

Amaury Pérez Vidal